sábado, 31 de diciembre de 2011

Embobado e insomne

Hace casi un mes que no escribo por aquí. Pero ya que estoy voy a escribir lo que será la última entrada del año. Y la última del mes. No podría hacer un resumen de todo lo que me ha pasado este año, y ni siquiera uno de lo que ha sucedido en diciembre. No sé por qué pero diciembre es un mes que vuela, con tantas fiestas, con tantos puentes. El año pasado acababa teniendo a una persona a dos mil kilómetros, este año está a muchos menos pero la distancia es superior aunque no llegue a los trescientos kilómetros. Es superior ya que este año ha significado muchas cosas. Me he dado cuenta, si no me había dado cuenta antes, de lo que importa en esta vida. Y sobre todo el significado de una sonrisa o de una mirada y que cuando alguna de estas dos cosas, la vida no tiene sentido. Porque las sonrisas y las miradas lo dicen todo, aunque no haya palabras de por medio. Y si vierais su sonrisa o su mirada os enamoraríais al instante y casi por completo como lo estoy yo. Sí, he dicho casi por completo y no completamente por quiero seguir enamorándome de ella cada mañana que amanezca a su lado y la vea despertar. Han sido muchos amaneceres a su lado, no tantos como los que nos hubieran gustado, pero cada uno de estos despertares fue como si hubiera sido el primero. Con besos y caricias, con sonrisas y miradas con los ojos a medio abrir. Formando infinitos en su espalda o mordiscos en su cuello. Ha sido un año de viajes, más de dos mil kilómetros en coche, autobús, tren, metro. Muchos kilómetros de paseos por distintos lugares, tan bonitos como una playa desierta, sola para ella y para mí. Con el atardecer más bonito donde el sol quería vencer a todas esas nubes grises ayudado del viento para que hiciéramos mil y una fotos de esa postal tan amorosa. Nos atrevimos a navegar por ese río que recorrimos su ribera a pie el primer día que vino a vivir conmigo. Hemos disfrutado de muchos conciertos, al aire libre y en recintos cerrados. Y cada canción aunque la hubiéramos escuchado antes miles de veces ahora era nueva, la escuchábamos muy juntos, tan juntos que nuestros cuerpos se mezclaban y eran uno solo. No todo fueron buenos momentos, hubo algún momento en el que todo se torcía, pero antes de que la rama se torciera tanto y llegara a romperse, lo solucionábamos y todo volvía a su origen, a su origen o incluso mejoraba. Porque ante todo tenemos boca para hablar y solucionar aquello que no fuese bien. Ha sido un año de sorpresas y caprichos. De mimos y susurros. De buenos días y de buenas noches. De historias y de cuentos improvisados.

No sé cómo será el dos mil doce, lo que sí que tengo claro es que TODO se resumirá en TI y mañana me despertarás.

1 comentarios:

Yolanda dijo...

No creo que haya nada mas importante en el mundo que tener a alguien a quien amar...

Enhorabuena por tu estado de bienestar.

Saludos.