lunes 21 de noviembre de 2011

Casualidades mezcladas con música

Las casualidades o un simple avatar con un niño saltando le llevaron a este blog y en él aparecía en aquellos momentos cierta historia con un disco sonando como fondo con la fecha de un año, concretamente 1999. Una historia corta para dejar en el aire su continuación, pero con su llegada, te animó a continuarla dos capítulos más, aunque al final se quedó sin continuación ni terminación. Desde el primer momento, casi todo estuvo relacionado con la música, regalos musicales y letras de canciones inundaron los meses posteriores. Siempre nos ha acompañado la música. Es precioso transmitir todo lo que sientes a través de notas musicales, de letras y canciones que lo dicen todo por ti, que solo tengas que acurrucarte junto a ella y que la canción os deje llevar y os acompañe en una tarde de domingo lluviosa, por ejemplo. O tararear a la vez vuestra canción favorita o pintarrajear en un post-it, en una pared o barandilla un trozo de letra que para vosotros signifique mucho más que para el resto del mundo. También has llegado a odiar a aquellas personas que “mancillan” vuestra canción, más que eso, es el valor de esta. Un Wish you were here para nosotros significa distancia, muchos kilómetros, algunas lágrimas, mañanas de luchar y noches de echar de menos. Tan solo con los primeros acordes es echar de menos, es recordar todos esos días separados pasado y todos aquellos que están por llegar. También me hace pensar en que hay que aprovechar el tiempo juntos y valorar lo que se tiene.

Todo esto, y muchas cosas más de las que soy incapaz de expresar, se agolparon en mi cabeza en la noche de un dieciocho de noviembre y unas lágrimas aparecieron en mis ojos mientras el grupo que nos había unido a través de un avatar interpretaba una de sus canciones, estaba tan metido en mis pensamientos que no soy capaz de recordar qué canción era, pero ella miró, no me soltó la mano y me preguntó dulcemente: “dime qué te pasa”. Le expliqué lo que se me había acumulado en la cabeza y ella me abrazó tiernamente y me susurró: “te quiero”.

Sí, quizá fuera una casualidad el haberme encontrado gracias a un avatar, pero lo que sí que estoy seguro que estábamos allí, en aquel concierto debido a una locura de viernes, una locura de la que no nos arrepentiríamos, como de la otra locura que no podremos arrepentirnos realizada dieciséis meses atrás, un domingo caluroso madrileño.