Aquel verano de 2010 estaba comenzando a ser muy duro. En cierta calle de la capital atestada de gente. Con mucho calor. Llegó ese abrazo que lima cualquier aspereza, que tranquiliza cualquier mariposilla inquieta. Llegó por arte de magia. En silencio. Solo con la palabra de las miradas de cada uno. Lo estaban deseando y ahí estaba. Aprovecharon aquel momento de intimidad, de soledad entre los dos. Y magia. Sí, fue un momento mágico. Ambos cuerpos quedaron encajados como dos piezas de lego, ensamblados como dos piezas de tetris o unidos como si dos piezas de puzzle se tratara. No se puede expresar con palabras. Todo lo que estoy detallando aquí, casi sobra. Había que haberlo vivido para saber cómo se sentían aquellas dos personas.
Y ¿sabéis? Yo estuve allí.
2 comentarios:
Wuau... maravilloso ö
es que un abrazo, de los buenos.... es de lo mejorcico que hay, enhorabuena por haberlo vivido, disfrutalo
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