Otra vez todo gracias a las casualidades y eso que ninguno de los dos aún sabía lo que nos iba a deparar...
domingo 31 de julio de 2011
I want to hold your hand
Hace un año los nervios me comían por dentro, llegaba a esa estación otra vez dos semanas después. El viaje en tren se me hizo aún más pesado y monótono que el primero. Pero allí estaba de nuevo, en aquella estación donde tantas despedidas y reencuentros se producían. Pasaban algunos minutos de las once y el calor ya apretaba y de repente, ella. Todo se detuvo. La volvía a tener entre mis brazos, había pasado trece días desde que nos separamos unos metros más abajo. Aquellos días habían sido una locura, con lágrimas y bajones, por eso necesitábamos vernos, para darnos y darle tranquilidad y poner un poco de cordura al primer día. Que todo se "normalizara" y que nuestros labios se volvieran a juntar. El suelo quedaba muy lejos de mí, estaba en una nube, en una nube más alta que el primer día. Pero aunque estuviera a tanta altura me sentía seguro porque ella me sujetaba la mano. Llegamos a aquel lugar que convertimos en nuestro rincón favorito de Madrid. Aunque para mí era ella. Cómo no. Sus besos me tenían enganchado. No podía separarme de sus labios aunque quisiera. El resto del mundo me daba igual. Mi mundo era ella. Me puso los pelos de punta y con los ojos medio empañados cuando comencé a leer un cuaderno que me había preparado. Iba a ser nuestro cuaderno de ida y vuelta. Donde podíamos escribir todo lo que se nos ocurriera e intercambiarlo en nuestra siguiente cita. Después ese cuaderno, debido a las casualidades, ha perdido importancia, pero aún sigue oliendo a día de verano. Antes hablaba de las casualidades, quizá las casualidades o las causalidades nos habían vuelto a unir con tan pocos días (aunque se hicieron eterno) de diferencia. Aunque esta era la segunda vez que la veía, al igual que la primera vez que había paseado con ella, me sentía feliz y realmente a gusto. Nos robábamos besos y nos mirábamos cuando el otro no miraba. Las horas volaron y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos de vuelta a la estación. Esta vez tampoco pude volver la mirada atrás después del último beso, hubiera ido corriendo hacia sus brazos. El viaje de vuelta no dejé de oler ese cuaderno que me transportaba a su lado. Aunque poco a poco volviéramos a estar a doscientos sesenta y seis kilómetros de distancia
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1 comentarios:
¿sabes? tu blog vuelve a ser el de antes, con kilos y kilos de pastelosidades mix y esta mañana, ahora mismo, me acabo de enamorar un poquito más de ti :)
GLUP GLUP
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