sábado, 30 de abril de 2011

Esperando con sugus de colores en el andén

Me acercaba a la estación y había algo en mi estómago que cobraba vida, algo parecido a lo que surgió en verano en otra estación. Una mezcla de nervios, un cosquilleo como si cien mil hormigas recorrieran toda mi tripa. Era casi la misma sensación que aquella mañana de julio, ahora meses después. Cada paso que me acercaba a la estación ese movimiento interno crecía. Cada movimiento que hacían las agujas del típico reloj de pared que hay en cualquier estación, mi corazón latía un poco más fuerte. Inevitable...
Los autobuses llegaban y partían de los andenes, pero ninguno el de ella. Llegaba con retraso, como casi siempre. Despedidas y bienvenidas ante mis ojos. Nosotros habíamos sido una de aquellas parejas que se estaban despidiendo en ese momento y quizá no supieran el tiempo que pasaría hasta volverse a ver, tal como nos pasaba a nosotros entonces. Una de aquellas parejas que no querían que fuera el último beso o el último abrazo antes de despedirse. Una de aquellas parejas que aprovechaban hasta el último momento en el que el conductor pedía el billete para robarse el que sí que sería el último beso. Una de aquellas parejas que uno de ellos no se movía de la estación hasta que el autobús diera marcha atrás para salir del andén. Una de aquellas parejas que se decían adiós a través del cristal agitando la mano y se leían en los labios un "te quiero". Sí, me sentía identificado con aquella pareja que se estaba despidiendo en ese instante. Recordé esas tres despedidas tan duras en la capital y cómo cada uno contuvo las lágrimas a su manera.
Mi mente volaba en el tiempo y en la distancia cuando una voz a través de la megafonía anunciaba que un autobús estaba a punto de realizar la llegada. Sí, por fin. Era el suyo. Era ella. Todos esos nervios y cosquilleos se pararon y dejaron paso a un corazón casi desbocado. Fui hasta el autobús. Espere en la puerta de delante pero de reojo miraba la puerta de atrás. Y allí apareció con su gran sonrisa y su camiseta de I♥NY. Pasó medio segundo desde que puso el pie en el suelo hasta tenerla entre mis brazos. Otra vez.