Como adelantaba ayer en el post de La canción del viernes, hicimos una cenita similar a la que hacemos cuando se acerca la Navidad, increíblemente nos reunimos todos, no hubo ninguna baja de última hora ni ninguna rajada en el último minuto. Asistieron hasta los dos benjamines del grupo a los cuales acogemos de vez en cuando y ya son uno más.
Lo que sí que cambió a última hora fue el local, fuimos al bar de la hermana de uno de estos, que nos aconsejó que se zampaba muy bien, además siempre está bien eso de hacernos descuento.
Como precavido que soy y sin conocer el lugar donde iba a cenar, antes de salir de casa piqué un poco de fiambre, por si las moscas.
El local muy recogidito, tan recogidito que nos tuvieron que poner una mesa para nosotros solos en la terraza, cosa que se agradecía porque hacía una noche estupenda.
El hermano de la dueña nos aconsejó qué pedir y lo dejamos en sus manos, mientras que por la mesa no paraba de correr la cerveza.
Los dos platos de embutido ibérico no duraron un asalto y ya estábamos esperando los siguientes platos cual leones acechando a la gacela.
Parecía que no habíamos comido en dos días, cada plato de carne no duraba ni cinco minutos. Así no dábamos tiempo a que hicieran el siguiente y entre plato y plato la espera se nos hacía eterna, así que pedimos tinto de verano fresquito para hacer más amena la espera.
Salió el tema de los hijos y tal, porque uno de estos será padre a finales de año. Le estuvimos puteando porque no le vemos como padre y así el niño o niña le asentará la cabeza. Le dijimos que ya le teníamos pensado el regalo para el futuro bebé. También hicimos pronósticos sobre el próximo en ser padre y todos apuntábamos hacia el mismo, porque al parecer a su chica le ha venido el instinto maternal así de golpe y se debe parar en todas las tiendas de ropa de bebé.
La cena salió realmente barata y salvo por los percances de esperar demasiado tiempo entre plato y plato, estuvo entretenida y nos reunimos todos, que era lo importante. Además alguno que otro se cogió un pequeño cebollón entre el tinto de verano que lo bebía como si fuera agua y los chupitos del licor de hierba que mientras el resto del grupo teníamos aún el primer vaso medio lleno, él ya se había servido el segundo vaso (eso de dejarnos la botella fue un detallazo por parte de la dueña, como imagináis, la devolvimos acabada).
La parte negativa, las petardas de nuestras "amigas" que nos las encontramos después en un bar. Es que cada vez las trago menos.
Poner límites
Hace 2 horas

2 comentarios:
Yo soy partidaria de que para los aniversarios de boda los partícipes se vayan por ahí de vacaciones y dejen a los demás tranquilos, además si fuese otro día me daría igual, pero es que es el día de mi cumpleaños!
Me alegro de que lo pasaras bien en la cena =)
MUACKS!
El 19 de septiembre, y el tuyo?
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